sábado, 23 de mayo de 2020

LA DEUDA PENDIENTE (NICOLÁS SEGURA)


        Es común escuchar historias del origen de la fortuna de ciertos personajes que sin herencia ni estudios pero a base de ahorro, esfuerzo y mucha inteligencia han llegado a amasar un capital regular así como de los medios de los que se valen para conservarlo y que se multiplique. La sabiduría popular apela a las buenas decisiones y una  adecuada administración que se resumen en la frase "Por eso tiene, porque no gasta".

        He llegado a creer que las mejores bibliotecas de historias, chistes y anécdotas se encuentran en los molinos, cantinas y tiendas de los pueblos donde la oralidad se permite a manera de pausa de la rutina y fue precisamente, en un negocio de estos, donde me contaron lo que a continuación les voy a relatar.

           Nicolás Segura era un hombre adinerado, me dice el tendero; vivía en la comunidad de Jicaltepec en el municipio de Nautla, Ver., la gente cuenta que tenías muchas propiedades, algunos, afirman que  incluso tenía hoteles en Cancún,Q.Roo, y que en su casa tenía una tiendita a donde, también se afirma, llegaban poderosos funcionarios de altas esferas estatales a "pedirle consejos". 

         Para llegar al pueblo, algunos funcionarios seguían una  ruta  por carretera hasta la vecina, entonces comunidad de San Rafael para transbordar inmediatamente en una lancha de remos que a cambio de una cómoda cuota brindaba el servicio de cruzar el río Bobos y  poner en tierra firme sanos y salvos a los pasajeros quedando a unos tantos pasos de su destino final.

         Una ocasión, fue a visitarlo a su casa y negocio un funcionario al que se le hizo fácil durante la plática tomar un dulce de un pomo donde el empresario los conservaba  y  que servía a su vez servía como exhibidor. Después de un rato, y dando por finalizada la plática el importante ejecutivo se despidió y  dirigió sus pasos  hacia "el puerto" como hasta la fecha se le llama, para abordar la lancha y emprender el camino a su lugar  de origen.

         Justo antes de subirse a la lancha, escuchó unos gritos y desconcertado se percató que era perseguido  por don Nicolás quien a toda prisa, corriendo a su vez le gritaba -¡Señor, señor! Espere...

-Dígame, don Nicolás, ¿qué sucede? Preguntó extrañado.
-Sr., No me pagó el dulce, son 25 centavos.

       Fue la "basurita"o envoltorio del dulce que vio tirado, tal vez su prodigioso sistema mental de inventario, pero este disciplinado defensor de la regla de la partida doble donde a todo cargo corresponde un abono, justo a tiempo se percató del faltante y actuó al momento en el entendido de que no hay que confundir la amistad con el negocio.

        Agregando más sabor al relato, se cuenta que el funcionario no tenía cambio y tuvo que pedir prestado a uno de sus asistentes, ya que de lo contrario, muy probablemente, el señor Segura no lo dejaría ir.

      No sabemos si después el patrón le pagó a su empleado porque no todos tienen la costumbre de recordar y otros tantos nacen sin el don de saber exigir; a excepción de Nicolás Segura, el hombre que no perdonaba una deuda.

2 comentarios:

  1. Felicidades camarada, enhorabuena y adelante que tú labor sea un éxito, gracias por compartir estás historia que no están en los libros...abrazo fraterno y solidario

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  2. ¡¡Excelente texto!!
    Saludos,
    Leonardo Cardillo
    https://www.linkedin.com/in/leonardocardillo

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