Nautla. Crónica de un puente.
Jorge Lorenzo Rojas Miguel
Cronista Municipal.
Esta es la versión un tanto más extensa del texto con el que participé en el concurso de crónica "Manuel Mungía Castillo" convocado por "Cronistas de Veracruz" A.C., obteniendo el 3er. lugar.
El 14 de marzo del 2020, cuando el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma anunció que se adelantarían 15 días las vacaciones de Semana Santa a partir del día 20 debido a una emergencia sanitaria (no contingencia), no imaginamos que nuestra vida daría un cambio radical.
En un país cuna de la influenza H1N1, que ha resistido el Dengue, Zika y Chicungunya y que desde antes de haber aprender a hablar español ya se había enfrentado a la viruela; las medidas sanitarias no pasarían de ser supercherías de doctores y señoras exageradas. Seguramente este circo acabará pronto. Requisitos y nada más. ¿Su-Sana Distancia?-Sin problema, como en los desfiles, ¡firmes ya!- decían algunos con el humor que caracteriza al mexicano, ¿Estornudo de etiqueta?-Ni conozco los Kleenex-, espacios para evitar aglomeraciones en las tiendas, - Ok, cosas del gobierno para que veamos que según trabajan-.
La escasez de insumos tales como papel higiénico, alcohol, cubrebocas y gel antibacterial y que se encarecieron sorpresivamente nos pusieron por primera vez en alerta. Descubrimos lo que la Geografía no nos enseñó: China no está lejos.
El 17 de marzo, 4 días después, se hizo pública la confirmación de los 2 primeros casos positivos en Veracruz. Para el día 23 en el país se contaban 316 casos confirmados y 793 sospechosos subiendo la cifra para nuestra entidad a 7 casos positivos y 30 sospechosos.
Desde que se tuvo noticia de que el COVID 19 había llegado a la entidad, la Lic. Dayci Faibre Montoya presidenta del H. Ayuntamiento de Nautla, -municipio de vocación turística- ordenó la cancelación de eventos masivos y actividades no esenciales, implementación de módulos informativos y filtros sanitarios en sitios estratégicos y la restricción de acceso a lugares públicos. Esas acciones anticipadas ayudaron de cierta manera a evitar el disparo de contagios entre la población.
El pronóstico preocupaba, se esperaba de un momento a otro llegar al pico de la pandemia y aunque entre colegas docentes se rumoraba que no regresaríamos a la escuela en el resto del ciclo, aún creímos en volver el 30 de abril, después a mediados de mayo, luego a principios de junio y continuamos un año después, trabajando a distancia a través de las diferentes plataformas en línea que han sido el hilo conductor que nos ha mantenido conectados. En ningún momento pensamos que esta situación se extendería tanto tiempo, la realidad superó a la ficción donde anticipadamente se bromeaba sobre cómo se celebraría la fecha conmemorativa más cercana, actualizándose a medida que el calendario adelgazaba.
El 20 de abril un funcionario público por cuenta propia mandó a fumigar con un tractor una mezcla “sanitizante” el pueblo de Barra de Palmas asegurando después de su hazaña, “al menos yo siento que respiro tantito mejor” (sic), el 25 de mayo en las cifras de la Secretaría de Salud se reportó el primer caso positivo de COVID-19 en el municipio, el cual se había contagiado en el hospital en el que por otras razones médicas había acudido. Para el 1 de junio, Día de la Marina; la fiesta más grande de los nautecos donde se lleva a cabo un paseo de carros alegóricos, en las redes sociales la gente con nostalgia comentaba bromeando con cierta nostalgia: “ya empezaron a molestar los de tránsito a quitar los carros por el paseo” o “aquí casual, arreglándome para el baile de Alberto Barros” el cual se había suspendido.
El 2 de julio se da el segundo caso positivo acordando los gobiernos de Nautla, Tecolutla y San Rafael para el día 15, hacer obligatorio el uso del cubrebocas en el espacio público. La llegada de la pandemia al municipio puso en alerta a sus habitantes. Algunos consideraban que los contagios eran meritorios (si es por trabajar, Dios te cuidará… o, si saliste a divertirte seguro te infectarás, poniendo a la enfermedad como un castigo por ejercer en mal momento el derecho al esparcimiento), otros creían que obedecían a razones genéticas o de belleza: En una tienda escuché a dos personas comentando que una persona recién llegada de otra ciudad estaba contagiada respondiendo su interlocutora muy extrañada -“¿ella?, no creo, ¡está muy fea!”-, unos más exigían a las autoridades la publicación de la lista de casos positivos para así saber de quién cuidarse y evitar pasar por sus casas; en los grupos de Whatsapp se alertaba de la sospecha de ciudadanos enfermos dueños de negocios recomendando que no se acercaran a sus locales y finalmente, los más fieles y devotos a su fe, en medio de un mágico sincretismo y siguiendo las recomendaciones que “el papa Francisco había dicho en el whatsapp” colocaron un paño blanco en la chapa de sus puertas y un manojo de laurel… ¿Qué es un hombre sin fe? más aún, recordando a San Agustín: ¿Qué sería del hombre sin Dios?
Por otra parte, el lado generoso de un pueblo que ha pasado a lo largo de sus historia por desastres naturales como huracanes e inundaciones también se hizo notar: La población civil acudió al llamado que hicieron las autoridades de sumarse en una cadena de solidaridad llevando a un centro de acopio, víveres diversos en apoyo a las personas afectadas por la situación imperante. Incluso, el DIF municipal apoyó con un plato de comida caliente a las personas que no tuvieran acceso a esa seguridad alimenticia, mientras que el H. Ayuntamiento acordó llevar a cabo el reparto de despensas que paliaran esa crisis momentánea.
El 22 de julio a las 9:25 AM un sismo con magnitud de 4.1 grados Richter a 17 km al Este del cercano municipio de Misantla, Ver., nos sacudió literal y metafóricamente el suelo en el que estábamos plantados en la nueva normalidad que empezábamos a vivir, normalidad en la que los vicios propios de la naturaleza humana seguían floreciendo.
El aumento de casos confirmados oficialmente continuó aunque con menor aceleración que en municipios vecinos, en diciembre el semáforo estatal cambió a color verde dando el respiro social y económico que necesitaban los habitantes y prestadores de servicios llevándose a cabo el Primer Pabellón Recreativo Región Nautla. Las fiestas decembrinas y de Año Nuevo fueron un tanto diferentes en algunos hogares, hubo quienes, en aras de proteger a los miembros mayores, no viajaron y compartieron la llegada del 2021 a través de una videollamada; otros se unieron al éxodo vacacional trayendo como consecuencia que para el mes de enero se pronosticara una ola de contagios más letal.
Para ese entonces, la población ya había adoptado el uso del cubrebocas aunque no de manera correcta, lo mismo con la Sana Distancia. “Todo sea por cumplir”, era común ver los autorretratos de parejas de amigos portando el barbijo muy orgullosos, pareciendo tal vez un par de eminentes médicos a punto de salvar una vida. Otros más lucían un tanto intimidantes añadiendo al preventivo el uso de una mochila cruzada por el pecho como si de un miembro de un grupo élite militar se tratara. Bien se dice que la moda es el lenguaje de la carne.
Pero había quienes habiendo gala de buen gusto combinaban al color de su ropa este accesorio. En el informe de gobierno municipal, personalmente me llamó la atención el cubrebocas de la Regidora Segunda, muy elegante y al color del vestido, con sus matices dorados parecía que había sido maquillado.
Después de un año y 15 días de haberse declarado la emergencia sanitaria, el 29 de marzo de 2021. el color del semáforo de ocupación hospitalaria cambia a verde por segunda vez en el Estado de Veracruz y por primera vez en Nautla luego de haber llegado este último a los tonos amarillo y naranja.