sábado, 7 de marzo de 2020

REGIONALISMOS DE NAUTLA

Celebrando la Lengua Materna.
Habla para que yo te  conozca.
Sócrates

Nuestra forma de hablar es la cruz de la parroquia que no podemos negar… siempre nos delata, es el sustituto intangible de nuestro carnet de ciudadanía.

 

Dentro de nuestro municipio, podemos identificar de qué localidad viene el compañero de asiento en el autobús o de que pueblo es la persona que está atrás de nosotros  en la fila de la tienda con sólo escuchar las frases e inflexiones de su habla. La distancia que separa a una comunidad de otra es suficiente para marcar la diferencia.

 

El lenguaje de nuestros pueblos y sus términos característicos son producto de la aculturación y la derivación de onomatopeyas que surgen de lo que se percibe, que emergen del interior y se bautiza al instante. Algunos llevan en su estructura notas de negritud  principalmente. Así es al menos en Nautla, Veracruz, México.

 

Nuestros regionalismos son la bendición y el itacate que nuestro terruño nos acomoda como madre amorosa para nuestro viaje. Son vocablos que empiezan siendo masticados, saboreados, deglutidos y  repetidos según el poder digestivo de nuestros aparatos auditivo y fonador. Las palabras, como si fueran de chicle; se mascan, se estiran o se encogen y tienen la cualidad de volverse pegajosas. Sin embargo, en los procesos educativos y de socialización, las modas y extranjerismos borran de un plumazo y sustituyen estos términos.

 

Ahora, lejos de expresarse con orgullo, son objeto de censura, y hasta de correcciones desconsideradas de chicos a mayores... "no se dice endenantes, se dice hace un momento", "no se dice gratis, se dice free". Son también, motivo de sonrojo si se le escapan de la boca al calor de la emoción al  joven foraneo cuando interactúa con un nuevo grupo de amigos  que descalifica lo que suena diferente, rupestre, o fuera de moda, avergüenzan a la esposa que quiere seguir el juego a sus amigas cuando se le cae la máscara que todas  se ponen en el teatro del café donde asumen que su marido no es un hombre ordinario.  Todo esto, auspiciado por los profesores que con esmero y buenas intenciones intentan preparar al estudiante para la vida productiva en aras de un enfoque comunicativo y funcional. Bien dice José Alfredo Jiménez que "las distancias apartan las ciudades, las ciudades destruyen las costumbres"

 

El derecho de hacer presente nuestra oralidad se ve limitado por plantillas de textos funcionales, solicitudes empacadas en formatos rellenables y nuestra creación literaria por machotes reciclables que cumplen la estricta función de decir y cada vez menos de hablar. Tiene razón García Márquez, “en la escuela y la universidad se comienzan a tergiversar y devaluar esos signos de la cultura popular” 

 

                  La tecnología con sus autocorrectores  semeja los vendajes en los pies que le ponen a las niñas orientales para que luzcan bellas. No nos deja espacio para expresarnos con esas sugerencias faramalleras, parece como si nos fajaran cuando estamos acostumbrados a andar descuacharrangaos.

 

¿Donde queda nuestro estilo e identidad? Nuestro lenguaje no debe ser sometido a la horma de la lengua, ni ser rehén de la RAE, es un reforzador del tejido social, la pijama del domingo que cómodamente viste nuestra oralidad, nos hace sentir en familia.

 

Para que la lengua viva debe gozar de la libertad de su evolución y transformación, ser sazonada con las expresiones populares en el momento propicio, sin perder a vez la objetividad del uso formal en su momento pues es este el que iguala, equilibra y homologa para evitar los malos entendidos cuando no sabemos  a quien nos dirigidos.

 

 

 



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